AMLO en Celaya: una viuda candidata, denuncias de desaparecidos y esos inquietantes petardos

Tomado de PROCESO/ARTURO RODRÍGUEZ GARCÍA 16 MAYO, 2018 PRESIDENTE 2018. CELAYA, Gto. (apro).- Humareda. Leve, su sola presencia provoca alarma. Junto al templete, la Van que alberga la planta eléctrica que alimenta altavoces es epicentro de la dispersión de asistentes y voluntarios para la logística. Una voz femenina interrumpe el discurso de Ricardo Sheffield, el candidato de Morena a la gubernatura. “Hay un incendio junto a la camioneta blanca”… Y eso basta para que el murmullo arrecie, algunas expresiones de pánico y un altavoz que amplifica la arenga del candidato que no se detiene. “No se preocupen. Fue algo de humo de la planta eléctrica. Ya sé que andamos muy nerviosos en Celaya y Guanajuato. Con justa razón. Lo entendemos”. En la cuneta, entre la Van y un quiosco revistero, un vaso contiene lo que al parecer son petardos. Dos policías, cinco policías, siete policías que lucen adustos rodean el lugar en minutos, mientras que de uno de los negocios aledaños un extintor apaga la fuente de humo y no queda claro, porque ninguno quiere dar mayor explicación, si el cenicero cilíndrico que por ahí circula contenía el vaso o se usó para bloquearlo. El incidente ocurre en la segunda mitad del acto que aquí encabeza Andrés Manuel López Obrador, el candidato presidencial que concluye una gira iniciada ayer en esta entidad, logrando reunir unas cinco mil personas en este antiguo enclave panista, y el incidente ocurre cuando el expanista, Sheffield, habla precisamente del candidato de la coalición que fue asesinado. El señalamiento del candidato a la gubernatura es grave: José Remedios Aguirre no quiso ser candidato de Movimiento Ciudadano. Luego fue asesinado. Ahora es revictimizado, dice como ha dicho todos estos días, porque la Procuraduría de Justicia en la entidad filtró datos sobre Remedios sobre un antecedente por homicidio que, para Sheffield, fue un acto heroico. Eso del heroísmo lo ha dicho una y otra vez, frente a un López Obrador que se limita a expresar condolencias y, cuando mucho, a pedir un minuto de aplausos. Hoy lo explica Sheffield: En 2008, siendo agente de tránsito, Remedios intentó contener a un hombre “ebrio, enloquecido” que, machete en mano, atacaba a los transeúntes y, en el forcejeo, Remedios cayó al suelo. El hombre se abalanzó sobre él, con machete en alto, y el agente accionó su arma, le perforó el cuello y lo mató. Estaba de servicio, cumpliendo su deber, fue exonerado, dice Sheffield. Y en eso empezó el humo, pero el candidato no se detuvo hasta presentar a Carmen Ortiz, la mujer joven, seria, que lleva la playera con el nombre del finado en letras rojas, y es la viuda que a partir de hoy asumió la candidatura a la presidencia municipal de Apaseo el Alto. *** Madres que buscan hijos en edad universitaria, desaparecidos; cartulinas que se esperanzan en que haya seguridad; en el templete, la figura de Carmen Ortiz es testimonio de que aquí, ser ciudadano común o tener visibilidad política, no importa, porque todos pueden desaparecer o ser asesinados. Y es que Celaya es una de las ciudades más violentas del país, donde hasta un mitin de campaña tiene los signos de la inseguridad. “Ayúdanos a localizarlos”, reza una lona que presenta las fotografías aumentadas de dos jóvenes, Luis Fernando y Leonardo, en la que se ofrecen datos porque “su familia está desesperada por saber de ellos”. La fuerza de la madre que sostiene la lona no flaquea durante la hora y media de mitin, jamás bajará los brazos. Más allá hay un cartel: “¡Basta de desaparecidos!” Y por diferentes puntos, de la concentración, pues Apaseo el Alto forma parte de este distrito, el recuerdo de José Remedios Aguirre se expresa en cartulinas hechas a mano: “Apaseo el Alto más vivo que nunca” y “Remedios vive, la lucha sigue”. Y sobre el asesinato de Remedios, dirá Sheffield, lo mató un joven de entre 16 y 18 años que, si estuviera López Obrador en la Presidencia, no sería sicario, sería un becario estudiando.

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Reivindicaciones históricas.

Si aquí, en Guanajuato, inició la Independencia de México, dice López Obrador, ahora a los guanajuatenses les toca impulsar la cuarta transformación del país, una expresión frecuente en sus discursos, pero que aquí tiene cierto sentido, aunque no es el único. Esta entidad, una de las primeras que vivió la alternancia en el régimen hegemónico priista, lleva casi tres décadas gobernada por el PAN. Y López Obrador pregunta: “¿Y de qué ha servido? Hay más pobreza, migración, inseguridad, violencia”. Él dice encabezar un movimiento distinto. En esta ciudad, donde algún día Marta Sahagún, la exprimera dama, esposa de Vicente Fox, quiso ser alcaldesa por el PAN, como su vástago lo intentó por el PRI, López Obrador ha concentrado unas cinco mil personas. No es como los mítines de Tabasco o Chiapas, de Tijuana o Playa del Carmen, con decenas de miles coreando las consignas que se acumulan desde 2006, pero es bastante para una región donde hace unos años no llegaba a reunir ni a 50 personas. “Puro gobernador ha habido” en Guanajuato. “No hay peor ladrón que el político corrupto”, sentencia. Y Vicente Fox es ya “una vergüenza”, el que prometió el cambio y ahora terminó de “matraquero del PRI”. Hoy se reunió con José Antonio Meade, recuerda López Obrador, que en cada mitin ha insistido: “Fox y Salinas comen del mismo plato”. “Que me diga Lopitos, que me diga loquito, que me diga como quiera… pero ya no le vamos a dar la pensión”, repite López Obrador, como en todas partes, arrancando risas y aplausos. Ya encaminado al final de su discurso, el tabasqueño pide “voto parejo”, su versión del llamado al “voto útil” y, luego de presentar a los distintos candidatos, abraza a Carmen Ortiz y llama a corear “justicia”, así, como en mitin de izquierda, como ya casi no ocurre en sus arengas ni eventos de campaña. “Regresaré como hoy, sin guardaespaldas. Porque el que lucha por la justicia no tiene nada que temer”, dice López Obrador. A su espalda, la viuda de Remedios luce inexpresiva y, a unos pasos, Ricardo Monreal conserva el vaso con los petardos de la humareda…
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