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En su último acto de campaña, AMLO promete: “No les voy a fallar. Mi honestidad no tiene precio”

Aportación de Revista Proceso/POR ARTURO RODRÍGUEZ GARCÍA , 28 JUNIO, 2018 PRESIDENTE 2018

CIUDAD DE MÉXICO (apro).- La rítmica melodía de aires tropicales, pop y hip hop, es interpretada por la Banda de Tlaxiaco, una dotación de abundantes metales que viene de la mixteca oaxaqueña. Y su cantante entona lo que bien podría ser una declaración de principios del partido al que está dedicado el tema: Morena.

Es el último acto de campaña de Andrés Manuel López Obrador, el cierre de su tercer intento por alcanzar la presidencia de la República, pero también el último acto de su vida, de su trayectoria, si, como ha dicho, pase lo que pase el domingo 1 de julio, no se vuelve a postular.

“El pueblo puede salvar al pueblo” –expresión tan frecuente en el discurso del tabasqueño– y “la vida pública lograremos regenerar”, las frases que se hacen musicales. “Infórmate en el periódico Regeneración”, un llamado consistente con el que, desde que era jefe de gobierno capitalino, el hoy puntero en las encuestas hacía de la parcialidad informativa, antes de que, como ocurre desde diciembre, en cada oportunidad insistiera que “los medios ahora sí se han portado muy bien”.

De pronto, en la canción interviene una voz que declara: “Si el país se moreniza, no nos gana Televisa”. Y como toda la composición, suena en los altavoces del Estadio Azteca. Son las 5:00 de la tarde y el graderío aun tiene descubiertos los escudos del Club América que se forman por el color de las butacas. Ni rastro de los icónicos puños en alto, ni de villas o zapatas, mucho menos de una hoz y un martillo, ni de alguna estrella roja, más allá de la que se disimula, pequeña, en el escudo del Partido del Trabajo (PT).
Bajo la conducción de dos jóvenes animadores, al estilo de los festivales de música comercial, el cierre de campaña inicia carente de contenido político, y lejos de lanzar arengas contestatarias, los animadores son más del tipo que grita: “¿Cómo están?”, alargando la última sílaba, como también lo hacen al preguntarle a la concurrencia: “¿Ya están listos para escuchar a (Susana Harp, Margarita o Belinda)?”, o para declarar a cada oportunidad: “Esto se va a poner cada vez más bueno”.

Pasan más de dos horas hasta que, por primera vez y ya con el estadio lleno, se escucha el masivo coro de batalla que viene de 2006: “Es un honor estar con Obrador”.

Desde que inicia la Banda Sinfónica de Tlaxiaco, luego la cantante Susana Harp –candidata al Senado y sobrina del magnate Alfredo Harp–, seguida de Margarita “La Diosa de la Cumbia” y, finalmente, la estelar aparición de Belinda, el llamado AMLO Fest transcurre sin las viejas consignas de la izquierda, excepto por los sones y huapangos de protesta que interpretan los jaraneros de Caña Dulce y Caña Brava.

Pero en general nada de “el pueblo unido jamás será vencido”, ni “de norte a sur”, y mucho menos un “vestido de verde olivo…”, por los muertos del movimiento.

A lo sumo, aquello está representado en algunos candidatos que se han ubicado a nivel de cancha, en un sillerío que comparten con invitados especiales, el gabinete propuesto por López Obrador, los dirigentes de Morena, PT y PES, nacionales y locales, que conforman la coalición “Juntos Haremos Historia”, y que a cuatro días de las elecciones se disponen a ganar para luego tomar el poder.

La reivindicación será discursiva, cuando López Obrador, triunfalista, seguro de que ganará la elección, “por el ánimo de la sociedad y las encuestas”, destine su introducción a las izquierdas históricas, y por primera vez, desde que inició la campaña el 1 de abril, cambie –no sin dificultad para ceñirse al discurso escrito– de mensaje.

Una lucha que viene de lejos, dirá López Obrador, y que por fin, sigue, convertirá en realidad el sueño de muchos mexicanos de antes y de este tiempo. Entonces las repasa: campesinos, obreros, estudiantes, maestros, ferrocarrileros, y defensores de derechos humanos.

La lista es larga: los jóvenes del 68, Valentín Campa, Rubén Jaramillo, Othón Salazar, Alejandro Gascón Mercado, Heberto Castillo –cuya invocación arranca el aplauso–, Cuauhtémoc Cárdenas, Manuel Clouthier, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, y luego doña Rosario Ibarra de Piedra, por quien –anuncia– votará en las elecciones del domingo, a manera de homenaje.

Luego un mensaje de recuerdo para José María Pérez Gay; para (“su maestro”) Arnaldo Córdova (padre del actual presidente del INE, Lorenzo Córdova, aunque eso no lo dice); Luis Javier Garrido; Hugo Gutiérrez Vega; el fundador de Proceso, Julio Scherer García (cuyo hijo es coordinador de una circunscripción en defensa del voto); Sergio Pitol; Carlos Monsivaís, y termina saludando a los que siguen con vida: Elena Ponitawska, Fernando del Paso y Carlos Payán.

Porque con ellos y la gente sencilla de muchos movimientos sociales, rememora y se explaya, se construyó la esperanza y se concretó la victoria del próximo domingo.

Un Azteca desbordado

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