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LA IMPACIENCIA: Enemigo del éxito #10

Si hablamos de impaciencia hablemos entonces de la intranquilidad producida por algo que molesta o que no acaba de llegar.

Por: Dora Ortiz de Olivas/Terapeuta Familiar/Conferencista

Es una preocupación que nos lleva a la depresión y ansiedad. Es una inquietud o estado de alarma, de turbación de mucho nerviosismo ya que nos imaginamos que las cosas sucederán de una forma y suceden de otra.

Vivimos en un mundo donde todo es exprés.

El impaciente dice: “¡Dios dame paciencia pero dámela ya!” Queremos que las cosas sucedan instantáneamente como si fuera con una varita mágica. Cuando queremos descargar un archivo y no se descarga rápido nos impacientamos; cuando no cambia rápido la pantalla porque la memoria está llena y nuestro móvil funciona más lento nos desesperamos.  ¿Te ha pasado  que tienes la mente llena de pensamientos erróneos y comienzas a funcionar más lento y necesitas liberar espacio? Nos hemos llenado de todo lo negativo y esto nos ha hecho daño; nos ha frenado. Quisiéramos pensar rápido pero no podemos, entonces nuestro éxito se va a ver frenado. Hemos comentado en esta serie “los enemigos del éxito” que el  éxito no es llegar a una meta, sino el camino hacia ella. Es cumplir aquello para lo cual hemos sido diseñadas, hacer aquello que nos apasiona y que afecta de manera positiva a otras personas.

Estamos viviendo en un mundo express, todo en automático, que todo llegue rápido y como no es así entonces nos molestamos y nos frustramos.

Cuando tu móvil se pone lento, te mandan un mensaje: “Libera espacio, elimina archivos, fotos etc.” es decir te envían una alerta de poca memoria, te están previniendo. La mayoría de los casos uno ignora esas alertas y cuando más necesitamos usar el dispositivo comienza a fallar pero eso es porque no hicimos nada al respecto en el momento que debíamos hacerlo o cuando se nos alertó para tomar la acción preventiva.

En la vida Dios nos ha mandado muchas alertas

Nos ha mandado muchas señales; nos ha marcado rumbos  por dónde irnos y no hemos hecho caso; no hemos eliminado de nuestra vida, ciertos patrones, ciertas conductas que nos hacen sentirnos estancadas. Así que es bueno pedir a nuestro diseñador que nos dé paciencia para actuar en el tiempo oportuno; estar tranquilas y vaciar todo aquello que nos hace lentas y estorba nuestro buen funcionamiento.

Cuando enviamos un mensaje por cualquier medio y no recibimos respuesta rápida, nos desesperamos; queremos que la persona siempre esté al teléfono; queremos respuestas instantáneas. Nos salimos del orden en que Dios nos dice que hagamos las cosas. No damos oportunidad a que nos respondan; es más, nosotras mismas contestamos nuestras preguntas. Por ejemplo preguntamos: ¿Cómo te fue? y rápido decimos: ¡Oh, ya sé que te fue muy bien eh… lo sabía! Nos adelantamos a todo.

La impaciencia afecta tu sistema nervioso, te provoca estrés y te vuelve una persona muy preocupona y muy ansiosa, no sólo te daña a ti sino a los demás y, te hace perder oportunidades en la vida y actuar por impulso, evita que nosotras seamos perseverantes y que hagamos las cosas paso a paso y bien hecho, con mucho tacto. Mientras más impacientes seamos, menos podremos realizar actividades que requieran esfuerzos constantes.

El inconstante muchas veces no es llamado para realizar ciertas tareas, porque se sabe que no lo hará bien y que después nos podemos lamentar por encargarle algo que es muy delicado y necesitamos que salga muy bien.

Mi hijo de 13 años se impacientaba mientras la masa leudara cuando estábamos preparando roles de canela. Metimos unos roles al horno antes de tiempo y el resultado no fue el esperado; la impaciencia afectó bastante. Debemos hacer todo con el instructivo en mano. En la vida nos hemos salido del instructivo, hemos tirado las instrucciones a la basura y hemos hecho las cosas como hemos querido y como sabes, el resultado no nos ha agradado. ¿Qué ha sucedido en tu vida, con qué resultados no estás conforme?

Analiza si te has salido de las instrucciones correctas.

No es bueno hacer las cosas antes de tiempo, o de la forma incorrecta. Es como comer una fruta verde o demasiado madura; no va a sabernos bien. Saber esperar no siempre resulta fácil. Si la fruta hablara diría algo más o menos así: “¡Espera! no me arranques del árbol todavía, no es mi momento, estoy verde aún, tan sólo espera y llegará el momento en que estaré lista para ser saboreada y te haré sentir muy bien; estarás satisfecha por haber esperado” ¿Y que tal un proyecto, cuando lo quieres acelerar antes de tiempo; cuando no tienes la paciencia y echas a perder una venta y como resultado terminas frustrada? ¿Cuando fuerzas una relación y te comprometes antes de tiempo? a veces nos pasamos la vida abortando propósitos debido a la impaciencia. Aprender a esperar no siempre resulta fácil pero es necesario aprender que la realidad no siempre va acorde a nuestras expectativas personales.

¿Quiénes son las personas impacientes?

Aquellas que tienen una baja tolerancia a la frustración, desean tener el control de todas las situaciones y quieren ir un paso más adelante que la realidad misma. ¡Espera!

Somos impacientes en distintos ámbitos de nuestra vida.  Si hablamos de lo laboral, queremos alcanzar el éxito laboral en automático; sin ir escalando paso a paso, y es ahí donde la impaciencia nos produce estrés y ansiedad porque queremos vivir aceleradas y como ya te comentaba: al principio decimos: ¡ya,  pero ya,  ya lo quiero, ese puesto, ese sueldo, ese ascenso!

Nos pasa también que vivimos con falsas expectativas  y como no sucede lo que esperamos, nos desanimamos y nos deprimimos.

Nuestro diseñador se dio a sí mismo sin esperar nada de nosotros; nada más allá de lo que él sabe que podemos dar.  Su expectativa era que, cada una de nosotras cumpliera el propósito para el cual él nos diseñó y que siguiéramos las instrucciones al pie de la letra para vernos felices y exitosas pero, ¿qué crees? la primera mujer que él creó no lo hizo; le falló, no le escuchó, no siguió sus instrucciones; por lo tanto, no le hizo caso y los resultados tú y yo ya sabemos cuáles fueron. La impaciencia le hizo perder su propósito original; la oportunidad de vivir al lado de su diseñador todos los días de su vida aquí en la tierra; una tierra bendecida. Por el contrario Eva, fue echada de su jardín a una tierra maldecida donde tuvo que picar piedra para sembrar una semilla y poder comer; donde ahora tendría que sufrir arduo dolor al convertirse en madre y vivir la trágica relación de sus primeros hijos donde uno terminaría matando al otro. ¡Todo por no ser paciente y esperar! ¿De qué te estás perdiendo tu?

El mejor ejemplo de paciencia lo tenemos en Dios mismo como nuestro diseñador.

Él espera pacientemente a que su diseño se vuelva a él. Que tú y yo volvamos a comenzar de nuevo bajo su dirección e instrucciones; que volvamos a confiar en él y en que él tiene un nuevo propósito para nosotros a pesar de nuestros errores. Lo dio todo por su diseño: por ti y por mí. Aun espera y seguirá esperando para ver si algún día somos pacientes y volvemos a confiar en él. Él nos ha dejado un gran GPS para seguir su dirección y poder llegar así a nuestro destino seguras. El manual del fabricante, la Biblia, el GPS que contiene cada instrucción específica para avanzar hacia el cumplimiento de su propósito un paso a la vez y sentirnos plenas y exitosas.

Dios nos amó y ha tenido la paciencia para presentarnos un camino nuevo para llegar a él a pesar de que nosotros le dimos la espalda a su primer plan ¡¿No es grandioso?!

Dios espera de ti lo que él sabe que puedes dar.

Young woman in depression

Él te hizo con un corazón para amar; para perdonar y ser paciente; para hablar con suavidad; ser amable, alegre, etc. En otras palabras: espera que te parezcas a él, pues te hizo parecido en forma a él, a su imagen y semejanza. Él espera que un día tu mayor fruto sea que te vuelvas a él, a tu diseñador, porque es ahí donde realmente te sentirás segura, porque “TODO DISEÑO ESTÁ SEGURO EN LAS MANOS DE SU DISEÑADOR”. Él te espera pacientemente. El quiere sentir que a pesar de todo, lo amamos; amamos su diseño y un día queremos estar a su lado de nuevo como al principio. El te ha dejado un GPS para llegar a él.

El diseño de Dios, o dicho de otra manera: el ser humano, las personas, al no  conocer quienes son, no tienen definida su identidad. Al no conocer cómo están formados no saben cual es su  diseño y esto tiene que ver con su propósito de vida; no lo conoce el ser humano. Tampoco sabe hacia dónde va, entonces estamos hablando que no conoce la eternidad o no sabe que existe; no sabe qué pasa cuando a este cuerpo se le acaba el aliento de vida; entonces el ser humano vive confuso esperando el cumplimiento de esas falsas expectativas. Por eso es que vivimos enojados con la vida. Nuestra alma vive confusa, decepcionada, estresada, iracunda; con mucha amargura; con odio y rencores; enojada con la vida y con aquel que se la dio. Hay muchas personas que viven enojadas con Dios aun sin conocerlo realmente; creen en él pero no le creen a él, y precisamente es porque no han tenido la paciencia de relacionarse con él y con su instructivo de vida.

Hay sucesos donde la impaciencia estalla.

Nos desesperamos y el enojo se asoma, éstos pueden ser en periodos cortos, pero también hay personas que viven así toda la vida; impacientes, frustrados e iracundos. Inconformes con todo pero las cosas pueden cambiar si así tu lo decides.

Consejos para practicar la paciencia y seguir caminando exitosamente hacia el cumplimiento de nuestro propósito de vida.

  1. Toma tiempo para ti a solas y trata de relajar tu cuerpo y tu mente. Respira profundo para disminuir esa frecuencia cardiaca por tanto estrés y suelta tus brazos. Si te es posible recuéstate un poco, esto te estabilizará.
  2. Aprovecha tu tiempo a solas y pregúntale a tu diseñador qué haría él en tu lugar con la situación que estás enfrentando. Nadie mejor que él para decirte acertadamente qué hacer. Llorar te hará mucho bien así que no te dé pena dejar correr esas lágrimas sanadoras. Durante este tiempo trata de encontrar la fuente de tu irritación e impaciencia.
  3. Piensa en las expectativas que has tenido pues éstas pueden ser falsas, así que, busca conocer la verdad y estar cada día más cerca de ella, esto te traerá tranquilidad.
  4. Cuando sientas que estás más tranquila, regresa y enfrenta la situación con un tono de voz más apropiado y recuerda que la respuesta suave calma el enojo.
  5. Sé empática con los involucrados en la situación y evita el perfeccionismo. Ten en cuenta que nadie hará las cosas como tú las haces; ten paciencia, puede que otros te sorprendan.
  6. Pregúntate cuáles hubieran sido los resultados si hubieras actuado con más paciencia.
  7. No te preocupes por nada; pide por todo, presenta a tu diseñador tus necesidades y no olvides agradecer por todo lo que él ha hecho, así experimentarás la paz; una paz que no podrás entender pero que ayudará a cuidar tu corazón y tu mente.

“Si pensando negativamente has llegado a donde estás, ¿dónde estuvieras si pensaras positivamente?”


(Sergio Olivas, Autor del libro PROPÓSITO Enfocando Vidas)

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  • Dora Ortiz de Olivas
  • Terapeuta Familiar/Conferencista
  • Locutora del programa radial “Mujer con Propósito”
  • Co-Fundadora de “Enfocando Vidas”
  • dortiz@proposito.net

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