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AGENDA DE GÉNERO Mujer con Propósito Noti-Mujer

La Ira: Enemigo del corazón #2

Si la familia es la base de la sociedad, tiene sentido pensar que destruyendo a la familia, la sociedad se destruye y eso es justo lo que desde el comienzo de la vida se ha venido haciendo.

Dora Ortiz de Olivas Terapeuta Familiar/Conferencista/Locutora https://www.facebook.com/doraortizterapeuta

Un poco de contexto

Tú y yo pertenecemos tanto a una sociedad como a una familia. Analicemos cómo es nuestra vida en ambas. Pensemos en la primera familia sobre la tierra, ¿Cómo fue que se perdió la armonía y la unidad? porque seguramente en tu familia y en la mía en algún momento también se ha perdido la paz, nos hemos desenfocado y herido en el camino y con ello se han perdido sueños, anhelos e ilusiones.

La primer pareja creada, hombre y mujer, Adán y Eva, gozaban de grandes favores:

Un excelente lugar para vivir, provisión abundante no les hacía falta nada y lo más emocionante, podían platicar con su diseñador tan normal como tú y yo platicamos con otras personas hoy en día; tenían una promesa de larga vida y podían tener los hijos que quisieran sin dolor; podían disfrutarse como pareja plenamente y todo ello traía regocijo a su creador así como a cualquier fabricante que se regocija cuando su obra creada funciona a la perfección. El único límite que Adán y Eva tenían era: “No comer del árbol de la vida ni tampoco del árbol de la ciencia del bien y del mal”.

El tentador vio una oportunidad muy buena para provocar que ese límite fuera traspasado y lo hizo a través de…EL ENOJO.

Eva se enojó porque no se le permitió comer cierto fruto, Adán se enojó porque ella comió y después de ver las consecuencias de su desobediencia su enojo subió de nivel. Luego el enojo de Caín que termina en muerte y la herencia generacional de enojo que toda esta desobediencia dejó en las futuras generaciones hasta el día de hoy.

Eva, así como Adán tomaron acción y terminaron cediendo terreno, autoridad y propósito a su tentador. La paz de la primera familia se interrumpió. La vida fuera del edén fue difícil no solo por tener que sobrevivir y trabajar duro sino por el enojo familiar…(Se le dio lugar al diablo)… ¡Literalmente!

Una de las instrucciones que nuestro diseñador nos señala en su instructivo de vida, dice lo siguiente:

“No pequen al dejar que el enojo los controle. No permitan que el sol se ponga mientras siguen enojados, porque el enojo da lugar al diablo. No empleen un lenguaje grosero ni ofensivo. Que todo lo que digan sea bueno y útil, a fin de que sus palabras resulten de estímulo para quienes las oigan”.

Esta instrucción me hace recordar las palabras de mi mamá cuando me decía: “No hagas ésto o aquéllo”; en el fondo yo sabía que era por mi bien y por el gran amor que hasta ahora me tiene.

Cuando nos enojamos, repito, le damos oportunidad al tentador de lograr su objetivo; provocar el enojo y subirlo de nivel convirtiéndonos en personas que no perdonan, amargadas, venenosas.

Hace tiempo escuché esta frase que tiene mucho de verdad: “El que obedece no se equivoca”. Si obedecemos las instrucciones de nuestro instructivo de vida no vamos a cometer errores que nos aprisionen y nos roben la libertad.

El enojo, esta estrategia antigua usada por el tentador, tiene efecto hasta el día de hoy porque él sabe que es lo único que le ha funcionado desde el principio. Tú sabes que una persona amargada quiere que a todo mundo le vaya mal; así cómo le fue a ella o a él. Es por eso que intenta que a ti también te vaya mal; tan mal como a ella.

El enojo es eso que sientes cuando las cosas no te salieron bien y cuando sube de tono se convierte en ira y te convierte en una persona amargada, venenosa, que se envenena a sí misma y a los demás.

LA IRA: Es el resultado de no obtener lo que queremos. Una persona airada es una persona herida y que hiere a otros.

El corazón enojado dice: “¡Alguien me debe algo! ¡Me quitaron algo!”

“Te robaste mi familia, mi seguridad, mi reputación, mi juventud, mi pureza; me debes una promoción, una oportunidad para intentarlo de nuevo me debes amor, afecto… etc.”

La ira tiene su raíz en que algo te han quitado o robado, por lo tanto se crea una relación de deuda y deudor.

La función de la ira es decirte: ¡Hey, alguien te hizo daño! Te debe algo, una restitución por el daño causado.

Podemos clasificar la ira de dos maneras:

  • La ira buena, es aquella que no te lleva a pecar (equivocarte)
  • La ira mala, es aquella que te lleva a cometer acciones que te dañan, a ti misma y a otras personas.

Tu diseñador te dice en el manual del fabricante:

Puedes enojarte, pero cuida que ese enojo no te lleve a cometer malos actos; puedes enojarte pero puedes controlar ese enojo, yo he puesto en ti el regalo del dominio propio para lograrlo”.

¿Qué deuda está causando la ira o el enojo que sientes?

¿Qué es lo que las personas han hecho o dejado de hacer que te ha causado molestia?

¿Quién te debe algo? ¿Acaso Dios, tus padres, esposo, hijos, tu jefe, tu líder, tus amigos o alguien más? ¡Aléjate y cuenta hasta 10!”

La ira comienza con un enojo pequeño no resuelto.

En el momento que sientes molestia ese es el momento de hablar y aclarar las cosas con un tono adecuado. Eres diseñada para hablar, aclarar las cosas y sentirte en paz; no para vivir en amargura, es por eso que, cuando no controlas el enojo, todo tu ser se afecta; no te sientes bien delante de Dios, tus emociones se alteran y tu cuerpo se enferma porque ese no es tu diseño original; te has salido de su funcionamiento normal.

Cuando estás enojada, necesitas que tu ofensor te pida perdón, y como no lo hace, vives en amargura de corazón; pero al darte la oportunidad de hablar y aclarar las cosas, es una manera de buscar tu sanidad y tu libertad; porque cuando no perdonas, realmente estás en prisión. ¡Tú te mereces ser libre!

La familia es el plan eterno de nuestro diseñador, Dios.

Hoy en día hay muchas corrientes tratando de borrar los valores que la biblia enseña sobre la familia.

El mismo diseñador ha establecido las reglas, sus principios y valores; sus instrucciones acertadas para que una familia funcione como debe funcionar según su diseño perfecto.

Nadie como el fabricante, el creador de la familia para saber cómo ésta funciona. Él tiene la pieza original, si algo falla, la repara o la cambia, pero arregla el problema y la hace funcionar de nuevo.

La familia debe volver a su diseño original, donde todo comenzó… AL ORIGEN.

Si dejamos de seguir las instrucciones para su adecuado funcionamiento, seguirá deteriorándose y con ello la sociedad se deteriorará también como te mencioné al principio.

Consecuencias de la ira

  • Baja tus defensas y te hace sentir cansada (debilita el sistema inmune).
  • Te hace envejecer más rápido.
  • Magnifica tus pensamientos negativos.
  • Te contamina y debilita de manera integral (Espiritual, emocional y físicamente).
  • Te hace perder la paz.
  • Te aleja de Dios y de tus seres amados.
  • Afecta negativamente a tus generaciones.
  • Te roba no sólo la alegría, sino la autoridad y el propósito de vida personal y de familia,; por lo tanto la capacidad de impactar vidas de manera positiva.

Medicina para el enojo que no perdona.

El único antídoto contra el enojo, la ira y la amargura es el perdón.

Perdonar a tu ofensor no porque se lo merezca sino porque tú te lo mereces, será tu mejor medicina. No esperes que te pague, que te pida perdón porque al final en esa espera quien terminará pagando un gran precio serás tú. El perdón cancela la deuda y nos libera.

El perdón te libera, te sana, te enfoca, el beneficio del perdón es para ti.

Tú tienes el poder de decir, “A los que me maldijeron, los bendigo. A los que me hicieron mal, les hago el bien”.

Corramos la milla extra; después de perdonar, dejemos de ofender y comencemos a bendecir. Es la mejor manera de sanar tu corazón, tus relaciones y tus generaciones. El perdón es una bendición que funciona como un bumerang, así como va, regresa a ti.

La ira nos encadena, nos mantiene prisioneras en una cárcel que se llama amargura.

“Si tu alma no está sana, tampoco tus acciones ni tus relaciones. Perdonar te sana”.

Consejos prácticos para alejar la ira del corazón.

  • Identifica qué es lo que te enoja y Detecta la raíz.
  • Haz una lista de las personas que sientes que te han ofendido.
  • Escribe al final de la lista la frase: “Te Perdono”. Dile a tu ofensor: ¡Tú ya no me debes nada!
  • Si no puedes sola pide ayuda, estamos para servirte.

“Perdonar significa liberar a un prisionero y al final, darte cuenta que el prisionero eras tú”.


(Dora Ortiz)

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