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Noti-MujerY Dios... ¿Qué Opina?

7 pasos para desarrollar un (casi) inquebrantable hábito de la oración…

La oración se trata de relacionarse, y Dios está listo y esperando por nosotros. Cuando nos sentamos a orar, Él ya estaba ahí esperándonos…

Tal vez muchos de nosotros estamos familiarizados con los “propósitos de año nuevo” o también con los “propósitos de cuaresma” en los cuales prometimos que iríamos a la capilla de adoración todos los días o quizás prometimos leer la biblia completita de principio a fin. Desafortunadamente, estos propósitos solamente duraron una semana, si mucho, regresándonos otra vez hasta el punto inicial.

Así que ¿cómo podemos comprometernos verdaderamente con este esquema de oración y hacer que dure por el resto de nuestras vidas? He aquí el modo de hacerlo:

1.- Ten fe en ti mismo o misma y en Dios

El primer paso suena obvio, pero usualmente nos lo brincamos. Muchas veces cuando pensamos con seriedad en este asunto de la oración, solemos decir algo como: “Sé que fallaré, Nunca lo lograré, Jamás llegaré a la santidad”. Con toda honestidad, esto viene directo del maligno, él hará todo para disuadirnos de empezar un programa de oración. Él tratará de convencernos de que “Jamás seremos lo suficientemente santos”, o que estamos “demasiado ocupados” o que somos alguien que “nunca persevera”; es un experto en prevenir que oremos cada día y tratará de llenar nuestras mentes de numerosas mentiras y engaños que nos confundirán con la idea de que “no tenemos lo necesario para orar”. No lo escuches.

Tú eres un hijo o hija de Dios y es él quien te acompaña, siempre está a tu lado. ¡Puedes lograrlo! Si abrimos nuestro corazón a Dios, él nos guiará y nos dará la fuerza que necesitamos. Debemos tener fe en que Dios nuestro Señor estará ahí para nosotros y que podemos lograr incluso lo imposible. Recuerda que por encima de todo, la fe es una gracia, un regalo que Dios nos da. Así que como con todas las gracias: ¡pídela! Pide a Dios que incremente tu fe.

“Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: “Trasládate de aquí a allá”, y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes” (Mateo  17, 19)

2.- Repite lo que ha funcionado

En la vida espiritual, hay un montón de subidas y bajadas, hay veces en las que nos sentimos llenos de vitalidad y otras que nos sentimos como muertos bajo el agua. Mira hacia el pasado y encuentra lo que ha funcionado para hacerte sentir lleno de vida. En lo que a mí respecta, recuerdo lo mucho que mi vida de oración prosperó cuando era seminarista y así puedo reconocer lo que debo hacer ahora en mi estado actual de matrimonio.

Al mismo tiempo, puedo decir que lo que funcionó cuando éramos jóvenes no siempre se puede trasladar a la actualidad. Por ejemplo, siempre rezábamos la liturgia de las horas en el seminario, pero cuando traté de implementarlo en mi situación actual, hubo una desconexión que no puedo explicarla. Así que en su lugar, busqué otras maneras de orar, y la Lectio Divina se convirtió en una renovada fuente de vida para mí.

Además todos nosotros tenemos diferentes hábitos. Y esto tiene que ver tanto con la manera en que iniciamos nuestro día, como con la manera en que doblamos nuestra ropa limpia. La oración también necesita ser un hábito. Cuando pensamos en los hábitos que tenemos, ¿qué les encontramos en común? Quizás fue algo que aprendimos cuando éramos pequeños y continuamos haciéndolo todos los días de nuestra vida. De este modo se fueron engranando poco a poco y así se establecieron,  ahora raramente los hacemos conscientes. Y esto nos conduce a la siguiente clave para tener éxito en lograr un programa de oración diario.

3.- Practicar. Practicar. Practicar.

Una vez más, esto puede parecer obvio pero muy frecuentemente lo olvidamos. Como dice el dicho “La práctica hace la perfección”. Entre más seguido oremos, más fácil será sentarnos para dedicarle un tiempo a la oración. Si solamente oramos una vez a la semana, será extremadamente difícil establecer una rutina confiable. Pero si oramos a diario, encontraremos que la oración llegará a formar parte de nosotros mismos. Así que cuando nos comprometamos en un nuevo programa de oración, debemos llevarlo a diario porque si no, fracasaremos y caeremos en la trampa de “lo haré mañana”, con el riesgo latente de que ese “mañana” en el que oremos, nunca llegará para muchos de nosotros, siempre habrá un punto muy distante en el futuro que nunca llegará.

Carpe Diem (Aprovecha el Día). Solamente tenemos control sobre el presente. Nunca podremos cambiar el pasado y no podremos predecir el futuro. Esta es la razón por la que debemos orar hoy, en este momento, o tal vez nunca volvamos a orar…

4.- Escribe tu cronograma de oración.

Nuestras mentes se encuentran saturadas de información y es extremadamente fácil olvidar lo que hemos “prometido” hacer. Esta es la razón por la cual debemos concentrarnos en escribir nuestro cronograma diario y establecer oficialmente la oración en nuestras vidas. Debemos separar un tiempo específico cada día en que lo único que hagamos sea orar. Escríbelo en  LETRA GRANDE Y CON NEGRITAS para ayudar a solidificarlo en la memoria. Si cuentas con un teléfono Smartphone, puedes poner un recordatorio en la aplicación de la alarma. Aprovecha a SIRI o cualquier tipo de asistente digital que utilices en tus dispositivos electrónicos como secretaria personal.

En resumen, debemos concentrarnos en elaborar un cronograma de oración diaria.

5.- Comparte esto con tus amistades más cercanas

Compartir tu nuevo cronograma con todo Facebook no es buena idea. Solo debes compartirlo con aquellos que te puedan apoyar a cumplirlo con responsabilidad. Por supuesto que es necesario compartirlo con tu esposo o esposa, novio o novia, y también con tus amigos cercanos, tu director espiritual (a quien debes consultar incluso antes de elaborarlo) y otros miembros de la familia.

No es necesario que estés solo o sola en esto, y es que es menos probable el éxito si actúas como un “llanero solitario”. Por esto, los monjes y monjas llevan al pie de la letra su cronograma de oración, ellos cuentan con el apoyo de sus compañeros. Es una especie de “Mirada de Presión Positiva”, cuando esto falta, se convierte en la causa por la que muchos seminaristas fallen en su esquema durante los períodos de descanso: no cuentan con el sistema de soporte que sí tienen dentro del seminario.

Si además tienes la oportunidad de entrar en un grupo laico de oración (como Franciscanos Seculares o cualquier tipo de Tercer Orden), ellos te darán ánimo y te ayudarán con sus oraciones.

6.- Pregúntate a ti mismo o misma el por qué estás haciendo esto

Antes de establecer la oración en el curso de tu vida, asegúrate de retroceder un paso y preguntarte a ti mismo o misma el por qué quieres orar más seguido. Quizás no haya motivos perfectos al principio, pero tengo la esperanza de que lleguemos a orar más por amor a Dios. Lo hacemos, no tanto para agradarle, sino porque queremos estar junto a Él, esto es más importante.

Una vez más, la oración se trata de relacionarse, y Dios está listo y esperando por nosotros. Cuando nos sentamos a orar, Él ya estaba ahí esperándonos. La oración es una respuesta al amor incondicional que nos tiene y aunque sepa que nosotros somos imperfectos y pecadores, Dios nos sigue amando y nos abraza. Finalmente, Él quiere  que estemos a su lado por toda la eternidad.

7.- Hazlo!

No te distraigas. Empieza hoy mismo.

Para concluir, espero que hayas reconocido la importancia de la oración diaria y que ahora tengas la motivación necesaria para iniciarla en tu vida diaria. En particular, lo que he descrito en este artículo es un método para lograr un “(casi) inquebrantable hábito de la oración” ya que nunca alcanzaremos la perfección aquí en la tierra. Caeremos, pero no importa tanto. Lo verdaderamente importante es volvernos a levantar y continuar hacia adelante.

Esto no es fácil y nunca lo será.  El matrimonio tampoco es fácil, pero hacemos una elección de permanecer con nuestro compañero o compañera hasta la muerte.

Te reto a que empieces en el “camino menos recorrido” y te atrevas a vivir la aventura que Dios te tiene preparada.

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