La actriz, que protagonizó la película original en 2004, hace una pequeña aparición en la recién estrenada nueva versión de la cinta que la lanzó a la fama global hace 20 años

(Atención: párrafo de spoilers). En su aparición, la intérprete de 37 años modera un campeonato de matemáticas en el instituto North Shore, una competición en la que participa precisamente la Cady actual, interpretada por Angourie Rice, y con la que interactúa ligeramente. También tiene alguna frase en la que hace guiños a la película original; cuando hay un empate entre los equipos, comenta: “Esto solo había pasado una vez antes”.
Para el rodaje de Chicas malas la actriz se desplazó a Estados Unidos, puesto que desde hace una década vive en Dubái, ahora junto a su marido, el banquero kuwaití Bader S. Shammas, con quien se casó en julio de 2022 en secreto, y con su hijo, nacido justo un año después, un niño llamado Luai. También acudió el pasado 8 de enero a la gran premiere de la película celebrada en Nueva York, para la que voló específicamente desde su actual hogar. Allí se fotografió con Angourie Rice, la actriz australiana de 23 años que se mete en la piel de la nueva Cady, y con Tina Fey, actriz y humorista, además de guionista de ambas películas (y del musical de Broadway de 2018), y que tiene un papel, el de la profesora Norbury, tanto en la de 2004 como en la actual.
Precisamente con Fey estuvo también en esa media jornada de rodaje que pasó en el estudio. La codirectora de la película, Samantha Jayne, explicó en el medio IndieWireque ambas actrices coincidieron allí y que “fue precioso”. “Lindsay fue encantadora con el reparto, maravillosa con Angourie. También confió mucho en nosotros. Le dijimos la idea: ‘Queremos que hagas una aparición a lo grande, creemos que el público lo va a disfrutar muchísimo’. Le contamos el momento exacto en el que la cámara llegaría y ella miraría al público y anunciaría el campeonato”. La propia Jayne —que codirigió la película junto a su marido, socio y colega, Arturo Pérez Jr.— aseguraba que para ella fue muy emocionante saber que Lohan iba a hacer un cameo y que iba a estar en el set de rodaje. “Tengo una chica de 14 años dentro de mí”, bromeaba en una entrevista. “Y estaba explotando de alegría e incredulidad. Íbamos contando los días, literalmente. No sabía muy bien cómo iba a comportarme como directora y a hacer mi trabajo. Pero lo hicimos, lo superamos. Porque me sobrepuse a mi emoción pura y desenfrenada y fue capaz de hablar con ella. Fue estupenda, muy cálida”.
Lohan aparece en muy escasos proyectos de cine y televisión en la última década. Precisamente desde Chicas malas en 2004 su vida dio un giro y ella se convirtió, con entonces apenas 19 años, en una joven en el punto de mira de los paparazzi, que la perseguían en cada una de sus salidas y fiestas junto a amigas como Paris Hilton. En 2014, harta de la exposición pública y de entrar y salir a centros de rehabilitación, se marchó a vivir a Dubái, donde continúa, trabajando en proyectos muy escogidos, como algún capítulo de una serie de televisión o una aparición en un programa de entrevistas, un anuncio (como el que hizo hace pocos meses para Walmart junto al antiguo casting de Chicas malas, a excepción de Rachel McAdams) o una película navideña, como el año pasado.
La película-musical de Chicas malas está siendo todo un éxito de taquilla. Sus 17 millones de dólares de coste ya están más que recuperados. Estrenada el pasado viernes 12 de enero en buena parte del mundo —aunque en algunos países llegará a finales de mes o en febrero—, solo en Estados Unidos (con un fin de semana largo, puesto que el lunes fue festivo) ha recaudado más de 28,6 millones de dólares, y otros cinco más en todo el mundo. Su promoción inunda las vallas publicitarias, los autobuses y hasta los bancos de muchas ciudades del país, e incluso la cadena de cines AMC (la más grande de EE UU) ha lanzado un recipiente especial para palomitas para los fans de la película, una caja en forma de libro, el llamado Burn Book o Libro del mal, que cuesta 19,99 dólares (18,3 euros). Se ha agotado en muchas salas. La nostalgia vende. Lindsay Lohan, también, aunque a qué precio.