¿En algún momento de tu vida le has dicho a alguien: ¡Te amaré toda la vida!?¿Y al pasar el tiempo sientes que esa promesa jamás se cumplió? ¿Qué sucedió para que no se cumpliera? ¿Qué falló?

A lo largo de mi vida he identificado dos maneras de amar: El amor condicional e incondicional. El primero es un “TE AMO SI…” y el segundo es un ¡TE AMO Y PUNTO!
Dora Ortiz de Olivas
Terapeuta Familiar/Conferencista
Te amo si suples mis necesidades, te amo si me amas, te amo si te sacrificas por mi, te amo si te portas bien, si haces tus tareas, si no me contestas feo, si guardas silencio cuando te regaño, si haces lo que te digo, si cumples mis caprichos, si no me reprendes, si obedeces lo que te digo.
Este amor es un amor condicional
manipulador, busca sacar ventaja, baja la autoestima, lo oprime, lo hace inmerecedor de ser amado a menos de que haga algo. Mucha de la codependencia emocional viene de vivir bajo este tipo de amor.
Por el contrario, decir: ¡Te amo y punto!
Es un amor que motiva a la otra persona a amar, a agradecer, a expresarse con libertad, a dar lo que posee sea poco o mucho; a valorarse, a sentirse realmente amada. Un amor no basado en condiciones. Este amor habla de sinceridad, de compasión, de generosidad y de empatía. Este tipo de amor es como una semilla sana que al ser sembrada dará un fruto delicioso al paladar que todos necesitan probar.
¿Con qué tipo de amor te identificas?
El amor no es un sentimiento; yo no te amo porque siento amarte. Ese es el problema de por qué tantas parejas que antes decían amarse y que juraron amor eterno frente a un altar, ahora viven con la carga de esa promesa no cumplida, se les acabó ese sentimiento, se les acabó el amor, ahora dicen: ¡Ya no siento que lo amo! O bien, ¡Siento que ya no me ama! Por lo tanto, rompen ese “PACTO” de amor eterno.

Lo cierto es que lamentablemente nos hemos creído la mentira que el pacto sólo lo hicimos con la pareja y no con Dios, aunque hayamos estado de rodillas frente a un altar. Es por ello que, cada vez son más las parejas que van a terapia matrimonial como si fueran ante un juez, para que les digan de qué forma pueden separarse o divorciarse de la mejor manera. ¡Han dejado se SENTIR amor el uno por el otro!
El amor es mucho más que sólo un sentimiento.
Es un compromiso interno, una decisión que va mucho más allá de cómo me sienta.

Al escribir estas líneas no pude evitar pensar en el amor de aquél que por amor decidió subir a la cruz y darlo todo por aquéllos que lo estaban crucificando.
No creo que haya sentido amarlos; lo que sí creo, es que él DECIDIÓ hacerlo. Al ver que este acto que sucedió hace más de 20 siglos me alcanzó a mí y me enseñó a amar, considero que vale la pena aprender a vivirlo en estos días de tanta necesidad. ¡Me amó y punto! Esto es a lo que yo llamo EL VERDADERO AMOR, un amor incondicional que trasciende por generaciones.
Hoy en día, el amor se ha enfriado. Se ha confundido o lo hemos ignorado. Hemos creado un nuevo concepto de amor. “Si me amas, déjame hacer con mi vida, con mi cuerpo, con mis cosas lo que yo quiera”, remarcando de nuevo un “SI”, condicional.
Uno de mis hijos hace unos años atrás estaba en esa etapa a la cual muchos le llaman: “La edad de la rebeldía”. Su temperamento y el mío son muy similares. En muchas ocasiones no supe qué hacer para hacerle entender mi postura frente a ciertas situaciones que estábamos pasando.
Había estudiado mucho al respecto, tomé cursos y demás, pero parecía nada funcionar. En medio de la discusión, me tomé un tiempo a solas y derramé mi corazón ante Dios y llorando tuve este diálogo con Él:
Yo: – “Ya no puedo más, yo amo a mi hijo, pero discutimos mucho y ya no le tengo paciencia, dime qué hago, él siente que no lo amo”.
Él: – Hija, ¿Qué tienes qué hacer para que yo te ame?
Yo: – Obedecer, hacer caso, portarme bien.
Él: – “¿Y si no me obedeces crees que te dejaré de amar?”
Yo: – “No”
Él: – ¡Correcto! Mi amor no está condicionado a lo que tu hagas o dejes de hacer. ¡Te amo y punto! Ahora ve y haz con tu hijo lo que yo he hecho contigo.
Esta experiencia cambió mi vida y la relación con mi hijo.
Cuando le pregunté: ¿Qué debes hacer tú, para que yo te ame? Me contestó prácticamente lo mismo que yo le contesté a Dios: Portarme bien, obedecer, sacar buen promedio en la escuela, etc. Le dije: – “No hijo, ¡te amo y punto! No tienes que hacer nada para que yo te ame más, estoy muy orgullosa de que seas mi hijo, daría mi vida por ti si fuera necesario”.

Vi correr lágrimas por sus ojos y él por los míos. Nos abrazamos, nos perdonamos . Desde entonces recuperé mi autoridad; dejé de subir la voz y tenemos una muy buena relación.
Aplicamos mi esposo y yo la misma técnica con todos nuestros hijos, de ahí salió una frase que se pronuncia muy común en casa: “Hijos, ¿Qué tienen que hacer ustedes para que sus papis los amen más?” a lo que todos responden en coro: ¡Nadaaaaaa!
El secreto del amor verdadero es amar y punto.
Amar sin condiciones. Amar por decisión, no por sentimientos. De la misma manera que tu diseñador te amó a ti y me amó a mí.
No podemos dar lo que no tenemos. Por eso, cultivemos este amor verdadero.
“Dios es Amor”
(Palabras de Juan el Evangelista)
1 Juan 4:8, (Santa Biblia)
Sé que tienes en mente a alguna persona a quien le encantaría leer este mensaje de esperanza, ¿Me ayudas a compartirlo?
Me encantaría leer tus comentarios sobre este artículo y saber qué impacto ha tenido en tu vida, de esta manera me ayudas a seguir compartiendo contenido de valor.
Escríbeme al WhatsApp 6623 520058. Te leo, Gracias!!
Sígueme en redes sociales como: Enfocando Vidas
Si necesitas ayuda personalizada, estamos para servirte.

- Dora Ortiz de Olivas
- Terapeuta Familiar/Conferencista
- Locutora del programa radial “Mujer con Propósito”
- Co-Fundadora de “Enfocando Vidas”
- dortiz@proposito.nt
Aparta tu cita online al 6623 52 00 58

