La vida se encuentra en el corazón. La culpabilidad quiere debilitarte y robarte precisamente eso “ vida”; por eso se anida sutilmente en el mismo lugar, tu corazón.

Es el mismo diseñador del corazón quien dice lo siguiente en una nota muy marcada en el manual del fabricante: “Las palabras que ustedes dicen provienen del corazón. De ahí salen los malos pensamientos, asesinatos, adulterios, inmoralidad sexual, robo, mentira y calumnia” pero, también dice que del corazón salen los buenos pensamientos.
La pregunta importante aquí sería: ¿Por qué tengo pensamientos malos? “¡Quiero pensar positivamente y no puedo!“ decimos comúnmente.
Esto sucede porque el corazón se ha desviado de su originalidad.

El corazón del ser humano fue diseñado para pensar en todo lo bueno, pero la desobediencia y la ignorancia ha hecho que se desvíe hacia lo que no es aceptado como bueno por su diseñador.
Si usamos el sentido común, cualquier fabricante de licuadoras (por poner un ejemplo), viendo su gran invento, su diseño perfecto licuando zapatos o botellas de vidrio, sabría que eso no es bueno para su diseño; le va a hacer daño y no sería aceptado por él porque no fue diseñado para ello. De la misma manera nuestro diseñador no acepta ciertas conductas, comportamientos y acciones que son erradas de sus instrucciones originales para nuestro correcto funcionamiento porque sabe que nos va a hacer daño; tanto si las ignoramos como si las sabemos y no las llevamos a la práctica.
La forma en que pensamos comúnmente se inclina hacia lo que nos lastima (aunque esto es lo último que queremos).

Nuestras acciones erróneas crean en nosotros ese sentimiento de culpabilidad que nos aprisiona y no nos deja avanzar. Un pensamiento nos impulsa a hacer lo que no debemos y después otro pensamiento nos acusa por lo que hicimos mal, tanto uno como el otro provienen del corazón. La buena noticia es que el corazón no se puede entender, porque es algo engañoso, pero sí se puede monitorear; es decir, estudiar nuestros pensamientos, acciones y consecuencias de nuestros actos para encontrar la raíz de lo que pensamos. El ser humano se desvió de lo original, pero debe de haber un camino de regreso, también un precio qué pagar. De cualquier forma ya estamos pagando un precio, hagámoslo por lo que sí vale la pena; por hacer lo correcto.
La culpabilidad es el resultado de algo que hemos percibido como malo. La función de la culpa es decirte: ¡Hey, hiciste algo incorrecto!
Podemos clasificar la culpa como buena y mala.
La culpa buena es cuando alguien se arrepiente y busca corregir el daño causado. La culpa mala es cuando la persona se juzga, se deprime, no hace nada para corregir el daño y cae en ansiedad.
En un juicio, se determina culpable a aquella persona que hizo algo malo, robó, maltrató, asesinó; en otras palabras no respetó los límites. Hizo lo incorrecto; lo que se le dijo o estableció que no hiciera. Eso sucede también en el corazón;nos pasamos los límites y nos sentimos culpables y acusados.
Cuando iniciamos alguna nueva temporada, un nuevo ciclo, etc. seguramente nos preguntamos: ¿Qué fue lo que hicimos mal y que dijimos que haríamos bien y no lo hicimos?

Posiblemente iniciando el año pasado dijimos y nos prometimos a nosotras mismas que bajaríamos de peso, y terminamos con unos cuantos kilos de más. Nos esforzaríamos por terminar la carrera o algún nuevo proyecto y lo abandonamos a mitad de camino. Juramos amor eterno frente al altar y ya nos estamos separando o divorciando. Nos comprometimos con nosotras mismas a no criticarnos tanto y es lo que hacemos todos los días frente al espejo. Este año sería diferente: haríamos ejercicio, leeríamos un libro, no gastaríamos tanto en cosas que no aprovechan y terminamos debiendo hasta lo que traemos puesto… y la lista sigue y sigue.
¿Por qué motivos específicos te sientes culpable?
El corazón que se siente culpable dice: “¡Tengo una deuda! ¡Yo te debo!” Y esto apunta en todas direcciones:
Hacia Dios. No lo tomaste en cuenta este año o esta temporada de tu vida como dije que lo harías.
Hacia los padres. ¿Los descuidaste, despreciaste, ofendiste o simplemente los ignoraste durante mucho tiempo?
Hacia tu cónyuge. ¿Dejaste de aplaudirle, de admirarlo, de apoyarlo, de respetarlo, ignoraste su rol en casa y lo humillaste?
Hacia los hijos. ¿No los escuchaste lo suficiente y ahora hablan más con otras personas que contigo, se fueron de casa, están en drogas, adquirieron malas amistades?
Hacia tu trabajo. ¿Fuiste negligente, no cumpliste tus metas, fuiste impuntual, practicaste el robo hormiga y te descubrieron, te robaste lápices, hojas, etc?
Hacia tu comunidad de fe. ¿No serviste como hubieras querido y por lo tanto te sientes menos que los demás, te la pasaste criticando el servicio de otros que sí trabajaron?
Hacia los amigos o conocidos. ¿Ni una llamada en un largo tiempo, ni un detalle, alguna atención?.
Hacia las personas que ya no están (Fallecidos). No les dijiste cuánto los amabas o apreciabas, no pasaste suficiente tiempo con él o ella, no le hiciste caso, etc. Estas y otras cosas seguro resuenan en tu mente y en tu corazón.
CONSECUENCIAS DE LA CULPABILIDAD

- Sensación de desprecio hacia uno mismo. ¡No sirvo para nada, no cumplí!
- Desvalorización y baja autoestima. ¡No valgo nada!
- Es una fuente de estrés y ansiedad. ¡No sé qué hacer! ¡No sé qué va a pasar!
- Frustración y desasosiego. ¡Las cosas no me salieron bien!
- Se intenta controlar lo incontrolable. No se puede retroceder el tiempo.
- Comienzas a exigirte mucho más. ¡Pues ahora voy a bajar el doble!
No puedes retroceder el tiempo, es verdad… pero sí puedes hacer algo al respecto ahora, para recobrar tu libertad; y digo libertad porque la culpa nos encadena y nos mantiene prisioneras.
Un buen remedio para la culpabilidad es:
La confesión frente a tu diseñador, contigo misma y hacia los demás. Aquellos que has ofendido o dañado por estar viviendo bajo esa tortura de culpabilidad. ¡Qué gran regalo es que tengas acceso a tu fabricante para recibir su perdón y nuevas oportunidades de volver a comenzar, dejando lo ya vivido en el pasado!
Quien quiera destruirte siempre usará la culpa para lograrlo más rápidamente, frenando así tu crecimiento y estorbando el cumplimiento de tu propósito de vida.
Consejos prácticos para alejar la culpabilidad del corazón.
- Identifica la conducta que te produce la culpa.
- Piensa qué es lo que te hace sentir culpable para poder detectar la raíz.
- Acepta que los errores son parte de la persona, del aprendizaje y del cambio, y no un signo de torpeza o fracaso.
- No te preocupes por nada, pero toma acción. Pide perdón si la culpa involucra a otras personas.
- Pide ayuda y desborda tu corazón platicando con tu diseñador pero también estamos aquí para ayudarte si crees que no puedes sola.
“Mantente firme en aquello para lo cual fuiste creado, y los demás no solo creerán en ti sino también en aquel que te creó”
(Dora Ortiz)
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- Dora Ortiz de Olivas
- Terapeuta Familiar/Conferencista
- Locutora del programa radial “Mujer con Propósito”
- Co-Fundadora de “Enfocando Vidas”
- dortiz@proposito.net
- https://www.facebook.com/doraortizterapeuta

