Originario de México y de América Central el zempoalxóchitl comúnmente conocido como cempasúchil o flor de muerto, es una especie que al igual que la margarita y el girasol pertenece a la familia Asteraceae, la cual se distingue por alcanzar hasta un metro de altura y por presentar colores brillantes que, dependiendo de la variedad pueden ir desde el naranja hasta el rojo intenso, así como tener diferentes formas y tamaños.
En el país existen más de 30 especies distintas de cempasúchil, entre las más conocidas se encuentran la tagetes erecta, tagetes patula, tagetes lunulata y la tagetes tenuifolia, las cuales se desarrollan principalmente en lugares que cuentan con climas cálidos, semi-cálidos, secos y templados, donde se cultivan tanto con fines industriales como de ornato, con una producción que se divide por planta y por manojo dependiendo de la demanda y de la variedad.
Cabe señalar que en México se destinan mil 350 hectáreas para llevar a cabo su cultivo, las cuales se dividen en diferentes estados donde Puebla es el mayor productor con un aporte del 81 por ciento del total del volumen producido a nivel nacional; seguido del Estado de México donde se obtienen seis de cada 10 plantas; de Michoacán donde se producen cinco de cada 10 manojos y de la Ciudad de México donde se cultivan cuatro de cada 10 plantas.

El resto se obtiene de otros lugares como Oaxaca, Guerrero, Hidalgo, Morelos, San Luis Potosí, Tlaxcala y Durango, donde su cultivo se desarrolla básicamente en pequeños huertos y en terrenos de cultivo a gran escala, los cuales en conjunto con los otros estados producen anualmente alrededor de 12 mil toneladas de cempasúchil equivalentes a más de un millón de estas plantas, con un valor comercial mayor a los 61 millones de pesos.
Asimismo, gracias a esta actividad se pueden generar más de 1500 empleos directos y dos mil indirectos, lo cual ayuda a beneficiar la economía tanto de los productores como de los estados donde se desarrolla esta actividad. Por esta razón la producción de cempasúchil es considerada como una de las más importantes dentro de la floricultura en el país, la cual ha aumentado los ingresos de los productores en un 32 por ciento en los últimos 10 años, esto de acuerdo a datos arrojados por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA).
.El cempasúchil cubre México, pero el cambio climático lo amenaza
Historia de
Los campos de México se tiñen de un vibrante color naranja cada noviembre, cuando el cempasúchil —la flor de los muertos— se convierte en símbolo de ofrendas, altares y recuerdos. Sin embargo, detrás de su belleza, los agricultores enfrentan una dura realidad: el cambio climático amenaza con desaparecer una de las tradiciones más profundas del país.
Lucía Ortíz, productora de 50 años en Xochimilco, explicó que este 2025 ha sido uno de los años más difíciles: lluvias torrenciales, plagas y suelos saturados arruinaron buena parte de su cosecha. “Nos costó mucho trabajo sacar el cultivo. La planta de cempasúchil a veces nos deja sin nada”, lamentó.
Según datos del gobierno, las inundaciones recientes afectaron más de 37 mil acres de cultivos y pusieron en riesgo hasta 2 millones de plantas solo en la capital. Aun así, los productores lograron romper récord con más de 6 millones de ejemplares, impulsados por la creciente demanda durante el Día de Muertos.
La ciencia busca salvar al cempasúchil mexicano
Ante la crisis, científicos del banco de semillas Toxinachcal trabajan en preservar variantes nativas más resistentes. Estas semillas, adaptadas por siglos al suelo mexicano, podrían ser la clave para enfrentar el cambio climático, explicó la bióloga Clara Soto Cortés.
“Las semillas híbridas estadounidenses se venden más fácil, pero son menos resistentes. Las nativas tienen una diversidad genética que les permite sobrevivir a condiciones extremas”, señaló.
Mientras tanto, los agricultores continúan luchando contra las pérdidas. Algunos consideran construir invernaderos, otros piensan cambiar de cultivo, aunque muchos, como Ortíz, se resisten a dejar atrás la flor que representa un vínculo con sus ancestros.
“El cempasúchil es más que una planta, es parte de nuestra historia y nuestras almas”, dice.

