Todas las palabras que decimos provienen del corazón, sean éstas buenas o malas. Es muy importante cuidar lo que pensamos ya que el corazón de ahí se alimenta.

Hablemos de sentimientos y emociones, tales como la alegría, la paz, la felicidad, el miedo, la preocupación, la tristeza y la envidia. Ésta última tiene su raíz en, no estar conforme con lo que somos, tenemos, pensamos, vivimos, etc. Cuando la envidia ha tocado a la puerta de nuestro corazón, eso es precisamente lo que sentimos: tristeza. Una tristeza por no tener lo que otro tiene o por no hacer lo que otro hace.
La envidia va muy unida a la codicia; deseamos lo que otro tiene.

Envidiamos las apariencias, lo que vemos en otros aunque no sea verdad; la salud, la estatura, alguna herencia, la felicidad, un matrimonio estable y próspero, etc. Nos enojamos con la persona que posee todo eso y con Dios por no haberme dado todo eso a mí. La envidia daña las relaciones más íntimas, más profundas.
La envidia comienza a gestarse desde los primeros años, cuando se comienza a comparar al niño con otros niños, hermanos, parientes o desconocidos y es entonces cuando este niño quiere ser como ellos o tener lo que ellos tienen y como no lo logra, termina sintiéndose devaluado y con un sentimiento en contra de ellos, deseando su mal y deseando poseer lo ajeno; por lo tanto, se resta valor. La desvalorización ocasiona frustración, sensación de derrota y rechazo hacia uno mismo; lo que va unido a críticas y odio hacia la persona envidiada.
El envidioso es un ser que sufre internamente, por lo que la envidia es un vicio que causa un daño principalmente a quien la siente.
El envidioso menciona frases como éstas:
“Hay que ver el coche nuevo del vecino, ¿de dónde sacará el dinero?” ¡No soporto a la nueva secretaria, todo lo tiene a tiempo y bien, lo sabe todo y además viene siempre muy arreglada!
De casa chica se mudaron a una mansión, ¡quién sabe en qué malos pasos andará!

Nuestro manual de vida afirma que la envidia corroe, pudre los huesos . El diccionario define corroer como algo que destruye progresivamente de afuera hacia adentro; causa un sentimiento negativo intenso que destruye hasta lo más profundo. Como podemos ver, eso es lo que causa el sentimiento de envidia en el corazón.
La envidia fue parte del inicio del pecado.
Ese hermoso ángel celestial quiso poseer lo que Dios tenía y ser Quien era, el Todopoderoso. Quiso quitarlo del trono y la envidia lo destruyó a él y lo convirtió en un ser despreciable adoptando el nombre de Lucifer. Con esta verdad que la Biblia afirma deberíamos aprender que la envidia nos puede convertir en seres despreciables con quienes no se puede convivir ni relacionar de manera sana.
Nuestros conflictos externos son el resultado de conflictos internos.
Esos deseos del corazón que son engañosos, deseos insaciables. Deseos por adquirir cosas, dinero, reconocimiento, éxito, progreso, intimidad, sexo, diversión, amistades y compañía. Todos estos deseos que nunca serán saciados debemos llevarlos a Dios. Tus deseos y preocupaciones le interesan a tu Diseñador, a tu fabricante. Tus fallas le interesan y él es el único que sabe cómo arreglarlas.
Cada enemigo del corazón se activa con la idea de que alguien debe algo:
La culpabilidad dice: ¡Yo te debo!
La ira grita: ¡Tú me debes a mí!
La avaricia afirma: ¡Yo me lo debo!
La envidia dice: ¡Dios me lo debe!
Como vemos, la raíz de la envidia está en creer que Dios me debe algo; me debe eso que les dio a los demás y que yo no tengo; entonces me lo debe, eso creemos. Por eso renegamos de nuestra condición y de Dios mismo.
La función de la envidia es decirte: ¡Ey, tú deberías tener o hacer eso que otro tiene o hace!
¿Hacia quién sientes envidia?
¿Hacia tus padres, hermanos, hijos, cónyuge, amigos, jefes, etc.?
Algunas señales claras de que tu mejor amiga o familiar te tiene mucha envidia:

- No reconoce tus esfuerzos y te hace menos, o si lo hace es sólo para quedar bien.
- Compite contigo.
- Te dice que te ves muy mal por más que te arregles; algún pero le pone.
- Cuenta tus secretos, dizque con el afán de ayudar.
- Te copia el «look» sin razón alguna.
- Pone a tus amigas y familiares en tu contra porque no le pareció lo que le dijiste.
- No disfrutan tus éxitos, ni celebran contigo de manera sincera.
La envidia proviene de la comparación, las personas que se la pasan todo el tiempo comparándose con los demás y dejan de ver lo bueno de ellas mismas.
Causas principales:
- Baja autoestima
- La comparación
- Un miedo irrefrenable a sentirse inferiores a los demás.

Consecuencias:
- Soledad, no pueden compartir sus experiencias sinceras con el resto del mundo debido a la frustración que sienten
- Ira, enojo, falta de contentamiento.
- Rabia.
El mejor remedio: Practicar el contentamiento y la gratitud.
Consejos prácticos para alejar la envidia del corazón.

- Analiza los deseos internos de tu corazón, ¿Qué es lo que te hace sentir insegura, sin valor, con miedo o coraje?
- Deja de desear lo que otro tiene y comienza a pedirle a tu Creador lo que él sabe que es mejor para ti.
- Se agradecida con lo que Dios te ha dado a ti. Tienes una historia única, un diseño único y un propósito único; dones especiales, habilidades y talentos adecuados para cumplir dicho propósito en tu vida.
- Cada vez que sientas ese sentimiento de tristeza por la envidia, eleva una oración de bendición a favor de la persona que envidias o que te envidia, esto resultará para tu propio beneficio no sólo para el suyo.
- Si no puedes controlar la envidia, pide ayuda, estamos para servirte.
“El que te DISEÑÓ es el único que sabe cómo funcionas y cómo arreglarte cuando algo falla, él está a tu alcance, tan sÓlo a una plegaria de distancia.”
(Dora Ortiz)
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- Dora Ortiz de Olivas
- Terapeuta Familiar/Conferencista
- Locutora del programa radial “Mujer con Propósito”
- Co-Fundadora de “Enfocando Vidas”
- dortiz@proposito.net
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