
Lo que divide tu mente entre lo que vale la pena y es útil y lo que es dañino y destructivo y que también detiene tu energía creativa se llama: Preocupación.
El afán viene de la palabra griega “Merimnao” que significa estar ansioso, distraído y tener una mente dividida. Va muy de la mano de la preocupación. No es lo mismo afanarse que ocuparse.
Jesús el Nazareno dijo con certeza: “Nadie por más que se afane puede añadir a su estatura algunos centímetros”. No por afanarse o estar ansiosa o preocupada, van a suceder las cosas de manera milagrosa.

Si hablamos de preocupación, también hablamos de una persona impaciente, ansiosa, de corazón cargado, no tiene paz, distraída, llena de problemas, angustiada y desesperada. Pensamientos divididos.
El Rey David, padre del sabio Salomón dijo hace miles de años atrás: “ Examíname oh Dios y conoce mis pensamientos”.
¿Quiénes de nosotras le hemos pedido a Dios que haga esto?
Es una responsabilidad muy grande, pero es un buen ejercicio de integridad y de humildad.

La preocupación se considera como:
- Falta de fe.
- Desobediencia abierta.
- Práctica destructiva.
- Una falta de honra a Dios.
¿En qué se enfoca la preocupación?
Tiene un enfoque negativo hacia el futuro. Desperdiciamos tiempo especulando en lo que pudiera o no llegar a suceder y tememos lo peor. Eso destruye y roba la alegría que pudiéramos disfrutar en nuestro presente.

Algunos ejemplos:
- ¿Qué sucederá si pierdo mi trabajo y si no encuentro otro pronto?
- ¿Cómo voy a enfrentar esta situación?
- ¿Qué pasará si me contagio de covid?
- ¿Sobreviviré al tratamiento?
- ¿Y si no, qué pasará con mis hijos?
- ¿Y si mi esposo se vuelve a casar?
- ¿Quién atenderá a mis hijos?
- ¿Y si mi hijo adolescente se va a las drogas?
- ¿Quién lo rescatará?….etc
La preocupación es como un ladrón que entra por las noches a robarnos la paz espiritual, las personas ya no pueden ni dormir. Tienen miedo.

El sabio Salomón escribió un proverbio que dice: “El temor del hombre pondrá lazo, más el que confía en Dios, su creador, será exaltado”.
Síntomas emocionales de la preocupación:
- Miedo de lo que otros piensen de ti.
- Abrumada por el temor al futuro.
- Sientes desmayar cuando recibes malas noticias.
- Temor cuando una persona injusta tiene éxito.
- Ansiedad a causa de conflictos no resueltos.
- Le aterroriza morir o tan sólo pensar en la muerte.

El Rey David le decía a su Creador: “Las angustias de mi corazón se han aumentado, sácame de mis congojas”.
Síntomas físicos de la preocupación:
- Dificultad para dormir.
- Falta o exceso de apetito.
- Dolores de cabeza y de estómago.
- Dificultad para mantener una buena salud.
- Se enferma constantemente.
La causa del afán y la ansiedad como ya lo hemos mencionado viene de la falta de confianza en Dios. No en el conocimiento de Dios ni de amor por Dios; sino falta de creer en lo que él nos ha prometido. Podemos conocer y amar a Dios y aún así no creer en lo que él nos dice o promete.
La preocupación hace que Dios parezca un mentiroso frente a nosotras y nosotras incrédulas frente a él. La preocupación y el afán es una ofensa a Dios.

Desconfiar de nuestro hacedor tiene consecuencias graves, te daré algunas referencias del manual de vida:
- Puedes creer que él te salva pero, que no puede suplir tus necesidades diarias. Mateo 7: 9-11. El da buenas cosas a quienes se lo piden (Con fe).
- Querrás hacerte cargo tú de lo que a él le corresponde. Estarás planeando tu futuro según tus fuerzas. Y querrás hacerlo todo perfecto en tiempo y forma (Síndrome de la responsabilidad exagerada). Santiago 4:16. Debemos decir: Si el Señor quiere haremos esto o aquello, porque la vida es neblina y desaparece en un momento.
- Tendrás una falsa culpabilidad, es decir, vivirás metida en la culpa y te será difícil declarar tu pecado a Dios. ● El temor nos puede controlar si no nos atendemos a tiempo.
- Vamos a necesitar la aprobación de otros.
- Se vive de la espiritualidad del pasado pero en el presente nos debilitamos por la falta de intimidad fresca con Dios.
- Nuestra imagen personal se distorsiona. Nos desvalorizamos y nos entra un sentimiento de impotencia para resolver los problemas.
¿Cuál es la raíz del problema?
Creencia Falsa: “Creo en Dios pero no creo que se preocupe por los detalles cotidianos de mi vida. No puedo evitar preocuparme”.

Algunas promesas:
Filip. 4:19. Dios suplirá todo lo que nos falte conforme a sus riquezas en Gloria.
1 Pedro 5:7. Pon todas tus preocupaciones en Dios porque él tiene cuidado de ti.

Consejos prácticos:
- Identifica el objeto de tu preocupación.
- Analiza si lo que piensas es bueno, te motiva, aumenta tu creatividad, te dirige hacia un futuro mejor, te anima, si no es así entonces…
- Abandónate en Dios expresando tu ansiedad en oración. Si él prometió que cuidará de ti, seguro lo hará.
- Habla con alguien de tu problema y pide ayuda.
- Aprende del carácter de Jesús, él sabía que la voluntad de su padre era buena, agradable y perfecta.
- Confía en que Dios está dirigiendo tu vida aunque las cosas no salgan como esperabas.
“Creer en lo que tu diseñador te ha prometido, eso es fe; esperar es sólo un proceso para practicar la paciencia mientras sus promesas se cumplen ”
(Dora Ortiz)

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- Dora Ortiz de Olivas Terapeuta Familiar
- Conferencista
- Locutora del programa radial “Mujer con Propósito”
- Co-Fundadora de “Enfocando Vidas” dortiz@proposito.net
- https://www.facebook.com/doraortizterapeuta
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